Has invertido tiempo y dinero en crear la web de tu empresa.
Has decidido su estructura, revisado textos, seleccionado fotografías, explicado varias veces al diseñador qué querías transmitir y, después de unas cuantas idas y venidas, por fin está publicada.
Trabajo terminado.
¿Seguro?
Uno de los errores que encuentro con frecuencia es considerar la web como un proyecto que termina el día que se publica.
En realidad, tu web debería evolucionar al mismo tiempo que lo hacen tu empresa, tus servicios, tus clientes y tu estrategia.
Porque tener una web bonita no significa necesariamente tener una web útil.
Una web para empresas debería ayudar a que las personas adecuadas entiendan qué haces, encuentren la información que necesitan y puedan avanzar en su relación con tu empresa.
Y para conseguirlo no necesitas añadir más páginas, más botones ni más funcionalidades.
Necesitas tener claro qué papel juega tu web dentro de tu estrategia de comunicación digital.
Antes de buscar errores en tu página web, hazte estas preguntas
Antes de cambiar textos, botones o diseños, hay dos preguntas mucho más importantes:
¿Para qué necesita mi empresa esta web?
y
¿Qué quiero que pueda hacer una persona cuando llegue a ella?
Las respuestas dependerán de cada negocio.
Quizá quieras que alguien:
- entienda rápidamente qué haces;
- conozca tus servicios;
- lea un caso de éxito;
- descubra tu metodología;
- consulte un artículo;
- se suscriba a tu newsletter;
- solicite información;
- reserve una reunión;
- o compre directamente.
No existe una única respuesta correcta.
Lo importante es que la estructura de la web responda a objetivos concretos de negocio y a las necesidades del potencial cliente, en lugar de convertirse en una acumulación de información sobre la empresa.
A partir de aquí sí podemos revisar algunos errores.
5 errores en tu página web que deberías revisar
1. No dejar claro qué haces y para quién
Imagina que alguien acaba de descubrir tu empresa.
Entra en tu web y encuentra frases como:
“Transformamos el futuro de tu negocio”.
“Tu mejor aliado para alcanzar el éxito”.
“Creamos nuevas posibilidades”.
Suenan bien.
El problema es que podrían pertenecer a cientos de empresas diferentes.
Una persona que llega a tu web debería poder comprender rápidamente qué haces, a quién ayudas y qué valor aportas.
No la obligues a interpretar tu propuesta.
Puedes tener una marca creativa, una identidad potente y una comunicación con personalidad sin renunciar a la claridad.
De hecho, cuanto más complejo sea tu servicio, más importante es simplificar la manera de explicarlo.
Revisa especialmente el primer bloque de tu página de inicio.
Pregúntate:
Si alguien que no conoce mi empresa leyera únicamente esta parte, ¿entendería qué hacemos?
Si la respuesta es no, empezaría por ahí.
2. No establecer una jerarquía clara
Otro de los errores en una página web aparece cuando intentamos que todo tenga la misma importancia.
Servicios.
Newsletter.
Redes sociales.
Último artículo.
Premios.
Clientes.
Vídeo corporativo.
Próximo evento.
Descarga.
Contacto.
Todo compitiendo por la atención de la misma persona.
Cuando todo destaca, nada destaca realmente.
Tu web necesita jerarquía.
Decide qué información necesita encontrar primero el visitante y qué siguiente paso tiene sentido ofrecerle.
Eso no significa que toda la web deba tener una única llamada a la acción.
Una persona que está descubriendo tu empresa puede querer conocer tus servicios. Otra quizá necesite revisar tus casos. Y otra puede estar preparada para contactar.
La clave está en crear recorridos claros en lugar de acumular opciones.
3. Utilizar tu página de inicio como un escaparate de todo
La home no tiene que contar absolutamente todo sobre tu empresa.
Tiene que ayudar a la persona a orientarse.
Puedes pensar en ella como una puerta de entrada que responde a algunas preguntas fundamentales:
¿Estoy en el lugar adecuado?
¿Esta empresa entiende mi problema?
¿Qué puede hacer por mí?
¿Por qué debería prestarle atención?
¿Dónde puedo continuar?
A partir de ahí, otras páginas pueden hacer el trabajo de profundizar.
La página de servicios explica.
Los casos demuestran.
El blog desarrolla tu conocimiento.
La página sobre la empresa aporta contexto y confianza.
La página de contacto facilita el siguiente paso.
Una web para empresas funciona mejor cuando cada página tiene una función clara y todas forman parte del mismo recorrido.
4. Sacar al usuario de la web sin una razón estratégica
Aquí quiero matizar algo que durante años se ha repetido mucho: enlazar hacia otra página web no es necesariamente un error.
Tampoco lo es incluir enlaces a LinkedIn, Instagram, medios de comunicación, colaboradores o clientes.
La pregunta correcta es otra:
¿Para qué quiero que la persona haga clic ahí?
Si muestras un proyecto realizado para un cliente y enlazarlo aporta contexto o credibilidad, puede tener sentido.
Si enlazas una aparición en un medio porque refuerza tu autoridad, también.
Y si quieres que alguien continúe siguiéndote en LinkedIn porque es uno de tus principales canales de relación, perfecto.
El problema aparece cuando colocamos enlaces por costumbre y desviamos al visitante del recorrido que realmente nos interesa.
Cada enlace debería tener una razón.
Antes de añadirlo, pregúntate:
¿Este clic ayuda a avanzar la relación con mi potencial cliente o simplemente añade una distracción?
5. Publicar la web y olvidarte de ella
Probablemente este sea el error más relacionado con una estrategia de comunicación digital sostenible.
Una web no debería revisarse únicamente cuando decides rediseñarla cinco años después.
Tu empresa cambia.
Tus servicios cambian.
Tu posicionamiento evoluciona.
Aparecen nuevos proyectos, casos, colaboraciones y contenidos.
También descubres nuevas preguntas, objeciones y necesidades de tus clientes.
Tu web debería recoger ese aprendizaje.
Eso no significa estar modificándola constantemente.
Significa establecer un proceso sencillo para mantenerla actualizada.
Por ejemplo, puedes revisar periódicamente:
- si tus servicios siguen explicándose correctamente;
- si la propuesta de valor refleja tu posicionamiento actual;
- qué páginas reciben más visitas;
- qué llamadas a la acción funcionan;
- qué contenidos generan tráfico;
- si existen páginas desactualizadas;
- si los enlaces funcionan;
- qué preguntas frecuentes podrías incorporar;
- y qué casos, testimonios o proyectos merece la pena añadir.
La diferencia está en dejar de gestionar la web mediante grandes esfuerzos puntuales y empezar a hacerlo mediante pequeñas acciones recurrentes que puedas sostener en el tiempo.
Cómo integrar tu web en una estrategia de comunicación digital sostenible
Tu web no debería vivir separada de todo lo demás que haces.
Piensa, por ejemplo, en este recorrido:
Una persona descubre una publicación tuya en LinkedIn.
La publicación responde a un problema que tiene en su empresa y decide entrar en tu perfil.
Desde allí llega a un artículo de tu blog.
El artículo amplía la información y la lleva a conocer uno de tus servicios.
Todavía no está preparada para contactar, pero decide suscribirse a tu newsletter.
Durante los siguientes meses sigue recibiendo contenidos y conociendo tu manera de trabajar.
Cuando aparece la necesidad, vuelve a tu web y solicita información.
¿Ha vendido la web?
¿Ha vendido LinkedIn?
¿Ha vendido el artículo?
¿Ha vendido la newsletter?
La pregunta quizá no sea esa.
Ha funcionado el sistema.
Ese es el papel que debería tener tu web dentro de una estrategia de comunicación digital sostenible: convertirse en uno de los activos que conectan tu visibilidad, tu posicionamiento y tu proceso comercial.
Tu web no necesita hacer más, necesita tener una función clara
Antes de plantearte otro rediseño, añadir una nueva sección o instalar una nueva funcionalidad, revisaría algo mucho más básico.
Pregúntate:
¿Qué función tiene actualmente mi web dentro de mi estrategia de comunicación digital?
Después revisa si su estructura, contenidos y llamadas a la acción están ayudando realmente a cumplirla.
Puede que descubras que no necesitas rehacerla.
Quizá solo necesites simplificar un mensaje, cambiar una llamada a la acción, actualizar un servicio, eliminar una distracción o conectar mejor una página con otra.
Porque una web útil no es necesariamente la que tiene más funcionalidades.
Es la que ayuda a las personas adecuadas a entender tu empresa y les facilita dar el siguiente paso.
Y, sobre todo, la que puedes mantener actualizada sin convertir cada cambio en otro pequeño “parto” digital.
¿Cuál de estos cinco errores está ocurriendo ahora mismo en tu web?
Guarda este artículo y utilízalo como lista de revisión la próxima vez que analices tu estrategia de comunicación digital.




2 respuestas
Hola, Ana:
Gracias por este artículo y por explicar los errores más frecuentes.
No me había planteado que poner enlace a las webs de terceros (en los testimonios, por ejemplo) puede hacer perder la visita; es interesante saberlo, sin duda.
Por otro lado, como dices, no conviene publicar frases vacías del tipo «nuestro conocimiento transforma tu compañía». A esto le añadiría que los textos deben centrarse siempre en el usuario y no en «vender medallas» de quien está detrás de la web.
Las visitas aterrizan en la web pensando «¿qué hay aquí para mí?» y esa es la pregunta a la que debemos dar respuesta.
Un abrazo,
Nuria
Hola Nuria, muchas gracias por tu comentario. Sin duda los textos deberían enfocarse en «los puntos de dolor» de nuestro público objetivo, le estamos hablando a ellos y queremos captar su atención. Es igual que las relaciones personales, nos gusta estar cerca de personas que nos escuchan y nos ayudan. ¿Te imaginas estar al lado de un amigo que simplemente habla de él mismo y sus bondades? Un abrazo,